Manuel Trigo

Autobiografía

Llevo dando patadas por este mundo desde el 21 de junio de 1969. Cuando cumplí un mes, los americanos lo celebraron enviando a unos aventureros la Luna para que me trajesen unas muestras de roca lunar, pues ya sabían ellos que yo más tarde coleccionaría minerales, aunque como las cosas de palacio van despacio, aún no las he recibido. Ya sé que las comparaciones son odiosas, pero cuando los Reyes Magos de Oriente fueron a adorar a Bryan, llegaron con los regalos por delante.

Dejé Getafe a los cuatro años y me fuí a vivir a Leganés para descubrir el mundo de la literatura de manos de Federico Martín Nebras, en el colegio Trabenco. Allí aguardé hasta mis épocas de instituto con la esperanza puesta en las muestras lunares, pero la decepción me guió por el camino del abandono de las piedras (descubrí que las muy buenas eran muy caras, que las asequibles ya las tenía repetidas y que las selenitas no terminaban de llegar).

De modo que había que buscar nuevas aficciones. Desestimado el fútbol, no por inútil, sino por contraproducente (goles en propia portería…) busqué entre otros deportes menos “comunes”. Me inicié en el tiro con arco, el esquí, buceo, descenso de barrancos, navegación y otros experimentos más salvajes. Todo con el afán de descubrir si mi negación en el fútbol era una señal divina para encaminarme hacia mi verdadera vocación. Y tanta experiencia arrojó sus resultados con tres conclusiones: No hay deporte en el que destaque. Todos los deportes cansan. No existen las señales divinas (por falta de divinidades).

Y como el Mus necesita de contrincantes, no siempre disponibles, necesitaba cubrir ciertos momentos desperdiciados con algo nuevo. Me duele que el tiempo se vaya sin mi consentimiento, y aunque tengo firmados más de cien años, sé que es poco para cumplir tanto objetivo como tengo en mente. Y en mente tenía muchas historias que desarrollaba en esos momentos en los que el tiempo no se va sin mi consentimiento, sino que me espera para que viajemos juntos en un terreno en el que las fantasías, las divagaciones, meditaciones y planes inalcanzables crecen con vida propia, bajo mi ligera supervisión. De pronto, me sentí egoista por ser el único conocedor de esos mundos y deseé compartirlos con el resto de los habitantes del planeta (en la Luna no hay gente, al menos de momento).

Ese es el comienzo de “La esfera negra”, mi primera novela. La historia había ido evolucionando en mi cabeza a lo largo de años, aunque luego sufrió significativos cambios durante su tecleo en un ordenador portátil. Cambios como los de mi vida privada, pues al escribir el título, ya estaba viviendo en Parla, casado con Santa Nuria y con dos querubines por hijos, Aida y Darío.

Y el 27 de abril del 2005, coincidiendo con el vuelo inaugural del Airbus A380, en el que trabajé, escribí la última página de la novela.

El problema es cuando ilusión se mezcla con ignorancia. Cometí la estupidez de enviarlo a las editoriales de mayor prestigio. Cuando en realidad no se trataba más que de un primer borrador (y lleno de faltas de ortografía y de tecleo rápido). El rechazo estaba más que justificado. A partir de ahí comienza el pulido de los textos con la inestimable ayuda de quienes leyeron (sufrieron) aquella primera versión y me dieron su opinión. Yo mismo, transcurrido un tiempo de reposo de la novela, la leí con otros ojos más críticos y decidí reescribirla por completo.

Entre tanto, comencé “Vera Lux”. Y entre tanto, “Cronos” Y entre tanto, diversos relatos. El primero que presenté a un concurso, “Azul marino (en blanco y negro)”, resultó ganador del II Certamen de Relatos de la Cadena Ser Madrid Sur (2/12/2006). Era la inyección de motivación que necesitaba para seguir escribiendo. Luego vinieron otros reconocimientos, como el primer premio (ex aequo) en el VI concurso de cuentos “Valentina Ventura” de Tauste, Zaragoza para “El río y la montaña” (1/3/2007); “La carta de plata”, finalista en el IV Concurso de Relato Breve del Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba (17/5/2007)  o ”Mi ingrata vida tras la pista de la T.I.A.”, evocando al propio título del tercer certamen literario de Cadena Ser Madrid Sur (1/12/2007) como finalista. “La elección”, también finalista en el IV certamen de la misma cadena (28/11/2008). Y para no variar, otra vez finalista en el 2011 con “Así para siempre”.

Este currículum, algo mejorado, junto con una “La esfera negra” mucho más madura que la original, sirven para tomar ánimos de nuevo y presentarla de nuevo a una editorial que conocí por casualidad en Internet mientras buscaba otra cosa. ¡Y gustó! Ediciones Absalon se ofreció a llevarla a las librerías.

Después volví a quedar finalista en el IV certamen de la misma cadena (28/11/2008) y finalista en el primer certámen de la Editorial Ferguston con el relato “Un día de perros”, siendo publicado éste en el libro “Las vacaciones del detective”, publicado en 2009.

El periódico THELunes, desde su número uno, en verano del 2010, publica por pisodios la novela “Cronos”. Y en ese mismo periódico, se lanza la propuesta de un relato sin fin, en el que mi participación resultó ganadora en septiembre del mismo año por votación popular.

El resto de la histoira aún hay que vivirla. Ya iré contando.
Para leer algunos de estos relatos o comienzos de las novelas, te invito a vistar mi pequeño rincón en manueltrigo.com
También puedes leer algunos de mis relatos en los siguientes enlaces:
Nosotros, los asesinos
El laboratorio
El último regalo que os hago
El oráculo
Adán
Kesstress
Doctor Jaus
La noche de los libros
La noticia del siglo
Perdón, amigos de Tus Relatos
Cuempliendo profecías
La despedida
Estoy quemao
Mi ingrata vida tras la pista de la TIA
El salto
La resaca
Abracadabra
La carta de plata
El río y la montaña
Azul marino (en blanco y negro)
A la memoria de un alumno
Mi bella durmiente

Un saludo.

Manuel Trigo

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