Manuel Trigo

Hace un tiempo hice una consulta a la Real Academia acerca de la costumbre de separar géneros en los textos (uso de @ y de las terminaciones os/as).

La respuesta fué categórica y por eso me atrevo a llevar el estandarte, añadiendo algunos argumentos más de mi propia cosecha.

Una de mis últimas batallas la llevé a cabo en el blog personal de Bibiana Aído, ministra de Igualdad (mal llamada por algunos desaprensivos “La Miembra”, debido a lo que yo considero un lapsus linguae por su parte). Como el blog necesita autorizar las respuestas, supuse que se filtraría y que mi comentario quedaría atrapado en una malla fina, pero quizás debido a mi esfuerzo en ser diplomático y poco ofensivo (por más que la acidez y el cinismo que me caracterizan se me escapen en cada párrafo), quizás porque Bibiana sabe que en un blog hay que tragar con lo bueno y con lo malo (de esto último es de lo que más se aprende), quizás porque tenía muchos comentarios y no les dió tiempo a leerlos todos y los aceptó en lote… el caso es que me lo publicó.

Podría copiarlo aquí, pero véanlo ustedes en su propio terreno (es el comentario de “Septiembre 30, 2008 a 8:24 pm”):  http://bibianaaido.wordpress.com/2008/09/22/11%c2%ba-congreso-del-psoe-de-castilla-y-leon-objetivo-2011/

Necesitaba desahogarme, pero sin mucha malicia. Todo el mundo comete errores y yo el primero, que queriendo referirme al género no marcado o inclusivo, el masculino, que referido a colectivos abarca al masculino y al femenino, al ser “neutral” en ese sentido lo llamé “género neutro”, cuando eso es otra cosa bien distinta.

Por otro lado, es posible que a álguien le interese saber la respues ta que me dio la RAE. Aquí está el texto original:

En los sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no solo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos: El hombre es el único animal racional; El gato es un buen animal de compañía. Consecuentemente, los nombres apelativos masculinos, cuando se emplean en plural, pueden incluir en su designación a seres de uno y otro sexo: Los hombres prehistóricos se vestían con pieles de animales; En mi barrio hay muchos gatos (de la referencia no quedan excluidas ni las mujeres prehistóricas ni las gatas). Así, con la expresión los alumnos podemos referirnos a un colectivo formado exclusivamente por alumnos varones, pero también a un colectivo mixto, formado por chicos y chicas. A pesar de ello, en los últimos tiempos, por razones de corrección política, que no de corrección lingüística, se está extendiendo la costumbre de hacer explícita en estos casos la alusión a ambos sexos: «Decidió luchar ella, y ayudar a sus compañeros y compañeras» (Excélsior [Méx.] 5.9.96). Se olvida que en la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva; así pues, en el ejemplo citado pudo -y debió- decirse, simplemente, ayudar a sus compañeros. Solo cuando la oposición de sexos es un factor relevante en el contexto, es necesaria la mención explícita de ambos géneros: La proporción de alumnos y alumnas en las aulas se ha ido invirtiendo progresivamente; En las actividades deportivas deberán participar por igual alumnos y alumnas. Por otra parte, el afán por evitar esa supuesta discriminación lingüística, unido al deseo de mitigar la pesadez en la expresión provocada por tales repeticiones, ha suscitado la creación de soluciones artificiosas que contravienen las normas de la gramática: *las y los ciudadanos.
Para evitar las engorrosas repeticiones a que da lugar la reciente e innecesaria costumbre de hacer siempre explícita la alusión a ambos sexos (los niños y las niñas, los ciudadanos y ciudadanas, etc.), ha comenzado a usarse en carteles y circulares el símbolo de la arroba (@) como recurso gráfico para integrar en una sola palabra las formas masculina y femenina del sustantivo, ya que este signo parece incluir en su trazo las vocales a y o: l@s niñ@s. Debe tenerse en cuenta que la arroba no es un signo lingüístico y, por ello, su uso en estos casos es inadmisible desde el punto de vista normativo; a esto se añade la imposibilidad de aplicar esta fórmula integradora en muchos casos sin dar lugar a graves inconsistencias, como ocurre en *Día del niñ@, donde la contracción del solo es válida para el masculino niño.


Reciba un cordial saludo.
__
Departamento de Español al día
RAE

Un saludo.

Manuel Trigo

Comentarios

  1. Lucía Sánchez: dijo

    Dí que sí, que yo estoy hasta las narices de tanta arroba, que una no sabe ni cómo se ha de leer un comuinicado.

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