Manuel Trigo

El cuento “El río y la montaña” ha sido galardonado con el primer premio (ex aequo) en el VI concurso de cuentos “Valentina Ventura” de Tauste, Zaragoza.Este concurso es de ámbito internacional y se han presentado obras de toda España y de allende el charco, de países como Argentina y Venezuela.

 

El río y la montaña

 

 

Levanté el río y pasé por debajo.

Así hice.

Lo podría haber cruzado a nado, pero me pareció la primera decisión que hubiese tomado cualquiera que allí llegase, aunque dudaba que existiera quien allí pudiese llegar. Yo no quería sentirme igual que la mayor parte de quienes pudieran llegar algún día a ese río y, además, no quería mojarme. Por eso no lo hice. También me planteé cruzarlo andando por arriba. No me habría mojado, pero me pareció que también esa opción se le podría ocurrir a otro y yo quería ser único. Por eso tampoco lo hice. De modo que lo levanté como si hubiese levantado una gran serpiente del suelo y pasé a esta orilla por debajo del río.

Pero cuando lo deposité de nuevo sobre su lecho, vi que el río montaba en cólera. Lo noté porque sus aguas bajaron turbias y turbulentas. Me gustan esas palabras, pero al río no, porque con esas palabras expresaba su ira contra mí. Me senté a contemplarlo, por ver si se calmaba, pero no lo hizo. Aguardé horas y sus aguas seguían turbias y turbulentas. Pasaron días y semanas sin que nada cambiase. Corrieron los meses, veloces como sus aguas, sin que el río dejase de mostrarme su inquebrantable terquedad. Y como al cabo de un año el río seguía enojado, me bañé en sus aguas turbias y turbulentas y me mojé, como quizás hubiese debido hacer en un principio. El río interpretó bien mi gesto como un arrepentimiento por mi osadía y concedió disculparme. Sus aguas se clarificaron de inmediato, hasta que pude ver el lecho por el que había caminado. Calmó sus aguas y su superficie quedó lisa como un espejo, tanto que en la otra orilla crecieron árboles para que yo pudiera verlos reflejados en el agua. Y mientras miraba los árboles invertidos, el agua se quebró en mil ondas de peces que habían saltado para darme las gracias por permitir que la paz regresase a su hogar. Yo me despedí de todos ellos y con ese agradecimiento en mi memoria continué feliz mi camino.

Después de mucho caminar llegué a los pies de la montaña y quise ver qué había detrás. Pude haberla rodeado, pero también me pareció que podría ser la primera decisión que hubiese tomado cualquiera que allí llegase, aunque seguía convencido que no existía quien allí pudiera llegar. Yo no quería sentirme igual que la mayor parte de quienes pudiesen llegar algún día a esa montaña y, además, el rodeo era largo y yo no quería caminar tanto, pues ya había caminado mucho. Por eso no lo hice. También deseché la idea de escalarla y cruzar al otro lado por arriba, pues me pareció que también esa opción se le podría ocurrir a cualquier otro y yo quería ser único. Además, estaba seguro de que arriba haría frío y yo no quería pasar frío. Por eso tampoco lo hice. De modo que pensé en levantarla para pasar por debajo. Pero recordé las consecuencias de mi ofensa al río. Yo no quería ofender a la montaña, pues me daba miedo lo que pudiese llegar a hacer una montaña furiosa. Por eso tampoco lo hice. No se me ocurrió solución y mientras pensaba pasó el tiempo; tanto que me pareció apropiado hacer mi casa a los pies de la montaña, para poder seguir pensando tanto tiempo como hiciese falta.

Y así hice.

Pasó mucho tiempo sin que nadie perturbase mis pensamientos, pero luego apareció quien de mí se enamoró y ella me pidió la Luna. Yo le habría traído la Luna, pues me pareció que sólo yo podría hacer aquello, pero pensé que si traía la Luna podría aplastar a la montaña y bloquear el río, pues la Luna es más grande de lo que parece a primera vista. Pero yo vivía en paz con la montaña y el río y no quería molestarles, además quizás tampoco fuera del agrado de la Luna y no me imagino lo que una luna iracunda puede llegar a hacer, por lo que tampoco lo hice. Entonces la tomé de la mano y volé con ella hacia la Luna. Ella tuvo su Luna y yo mi felicidad por ver su deseo cumplido, pero hacía más frío que el que no había querido soportar en la cumbre de la montaña y regresamos pronto.

Luego me pidió el Sol, pero me negué a traerlo y también a llevarla. Era algo que sólo yo podría haber hecho, pero una cosa es el mucho frío y otra bien distinta es el demasiado calor. Entonces ella, disgustada, decidió envejecer y morir.

Yo quedé solo mucho tiempo y la echaba de menos, por lo que decidí mi propia muerte, por ver si podía traerla de nuevo conmigo. Pero en todo el tiempo que estuve muerto, ella y su obstinación se negaron a devolverme la palabra, y tras muchos años de espera, me rendí y regresé solo a la vida, pues estar muerto es muy aburrido.

El caso es que después de haberla conocido, volver a estar solo también era muy aburrido, pues nunca nadie más como ella pasó por allí. Y en mi aburrimiento pensé en crear la humanidad.

Y así hice.

Creé a los hombres mortales para aprender de ellos cuanto pudiese acerca de la vida y de la muerte, pues con mi propia experiencia no había llegado a conclusiones satisfactorias, pero nada aprendí de ellos.

Pedí a los hombres que respetaran al río, a la montaña, a la Luna y al Sol. Y pensando en ella, que respetasen también a los muertos. Pero sólo el Sol se libró de ser profanado, creo que porque les daba tanto miedo como a mí. Pude reprender a los hombres, pero se habían reproducido de tal manera, que me infundía más temor provocar la ira de toda la humanidad, que la del río, la de la montaña y la de la Luna juntos, por lo que no lo hice.

Mientras, yo seguía pensando en cómo pasar al otro lado de la montaña, sin que nada se me ocurriera. Hasta que un día, los hombres cavaron un túnel que atravesaba la montaña y tal herida causó su ira. La montaña puso un huevo en la ciudad de los hombres y de él nació su hijo vengador, que mientras crecía escupía fuego y quemó la ciudad donde vivían los hombres. Luego la montaña que daba sombra a mi casa pareció morir también y se secaron los bosques que la adornaban y yo aproveché para pasar en silencio al otro lado por el túnel que habían perforado los hombres. Dentro de la montaña reinaba el silencio y no escuché ningún corazón que latiese, por lo que la montaña estaba definitivamente muerta y no se enfadó conmigo. Así pasé al otro lado.

Pero al otro lado descubrí que había más ríos. A lo lejos, más montañas. Sobre ellos, una Luna y un Sol. Y bajo éstos, una plaga de hombres.

Entonces me rendí y decidí irme de allí.

Y así hice.

 

Manuel Trigo

 

Manuel Trigo

Comentarios

  1. Manuel Trigo: dijo

    PRIMER PREMIO
    ex aequo en la categoría de adultos del VI concurso de cuentos “Valentina Ventura” de Tauste, Zaragoza.

    Esta vez se trata de un cuento. La diferencia entre relato y cuento no está muy clara, depende de a quién se pregunte, pero el matiz parece estar relacionado con la infancia. Este cuento no se ha escrito para niños, (al menos, para niños pequeños), sino para adultos que sean capaces de abrir su mente como un niño. La pincelada infantil no se la he aplicado a la historia en sí, sino al caracter de los personajes, obstinado y caprichoso. Quien conviva con niños sabe de qué hablo.

    Os agradezco vuestra más sincera opinión.
    Un saludo.
    Manuel Trigo.

  2. Diana: dijo

    En primer lugar ENHORABUENAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA
    Me ha parecido un cuento precioso, engancha desde el principio hasta el final y realmente pese a que lo defino como cuento perfectamente podría tratarse de una fábula con su moraleje en toda regla. Es algo que todos los niños pueden leer porque es de fácil comprensión y yo diría de lectura obligada, ya que te hacer reflexionar.
    Espero que esto sólo sea el principio. Bueno no lo espero, lo se con total seguridad.Sigue así. Y aunque me repito ENHORABUENA futuro premio Planeta.

  3. Manuel Trigo: dijo

    Muchas gracias, Diana
    Mi hija tiene siete años, casi ocho. Me dijo que quería leerlo y le dije que no era un cuento para niños, pero las opiniones ajenas suelen ser más objetivas que las propias, por lo que te haré caso y se lo dejaré. Espero que le guste y si no… tampoco creo que le perjudique leer algo que no entienda. Lee tantas cosas (y ve más a ún en la tele) que no entiende…
    Gracias de nuevo por tus elogios y por tu sentido del humor (lo digo por lo del Premio Planeta, jajaja y por lo de lectura obligada, ni que fuese Doña Gloria Fuertes ).
    Un saludo.
    Manuel Trigo.

  4. Manuel Osuna: dijo

    Felicidades por este nuevo premio. La verdad es que el cuento me ha parecido una paranoia total Lo mejor es que ya lo avisa desde el primer renglón: “Levanté el rio y pasé por debajo” Pensaba que era de interpretación libre hasta que he leído este comentario de Diana:

    Madre mía, pues yo no me he enterado de nada ¿Hay moraleja? Aparte del respeto a la montaña, el río, la Luna y el Sol que el ser humano se ha pasado por ahí mismo (menos con el Sol, no hay narices a subirse en su chepa), lo demás, pues oye, que lo he visto bastante difuso.

    Que el autor o algún lector avezado, ilumine mi incomprensión, si no es mucha molestia.
    Por cierto, ¿cuando lo leíste en público, se podían hacer preguntas?

    Un saludo.
    Manuel Osuna

  5. Manuel Trigo: dijo

    Hola, laureado escritor.
    Me alegra tener entre nosotros a quien comparte esta afición por la escritura. Gracias por pasarte por el foro y dejar tu huella.
    Casi todo lo que escribo es bastante rallante, y más este “cuento”. Para leer lo que yo escribo es mejor no tener ideas preconcebidas, pues tiendo a darle la vuelta a todo y de forma bastante irreal e irrealizable. Para levantar un río y pasar por debajo hay que olvidarse incluso de lo que es un río. Por supuesto que una masa líquida no puede levantarse si no es envasada, pero en una mente abierta uno puede imaginarse al río como a un ser vivo que repta por su cauce como una gran serpiente, y a la vez, suficientemente pequeña para que pueda ser levantada. A no ser que quien la levanta no tenga la talla de un hombre corriente. De hecho, el protagonista no es muy humano que digamos. Mas bién se le podría calificar de dios (con minúsculas). Volvemos a la mente abierta: la gente tiene una idea preconcebida de Dios (a este sí me refiero con mayúsculas, por inexistente que sea). Nuestro personaje crea a la humanidad, pero llega a un mundo donde ya existen los ríos y las montañas. Hay infinidad de cuentos pseudoreligiosos en todas las etnias ancestrales del planeta que narran otras tantas historias distintas acerca de la creación del mundo. Esta podría ser otra no más inverosímil (o tan inverosímil como la más creíble de todas ellas).
    Respecto al comentario de Diana, considéralo un elogio tan desmedido como agradecido. No es una fábula ni pretendo aleccionar a los niños acerca del respeto por el medio, pues no lo escribí precisamente para niños, pero si lleva esa carga moraloide que has visto a la primera (ese respeto por el medio, que no hay tramas ocultas), pues todos los cuentos, aunque no sean fábulas, llevan un mensaje que guía la buena conducta. A todos los personajes infantiles que les sucede algo malo es porque han desobedecido a sus padres, no han sido buenos…
    Hasta la próxima, tocayo Osuna. Y no le des má vueltas, que no las tiene. Considéralo un sueño placentero.
    Manuel Trigo.

    PD Por suerte, no se podían hacer preguntas. Te juro que lo hubiese pasado muy mal intentando explicar lo inexplicable. Me imagino a alguien preguntando “¿Cómo es que la montaña puso un huevo?”

  6. Elena: dijo

    Hola Lolo, antes de nada decir que me ha costado un poco entrar a escribir en el foro…..pero como puedes ver (y yo y yo) lo conseguí al final…

    Decirte que me ha gustado el cuento. Sigues en tu linea, un mundo fantástico, o subreal o como decimos entre los amiguetes…una trigada, dicho con cariño y respeto….

    ¿tú no ibas para inventor? ¿de donde te sale la vena artística de las letras?..bueno, pues que enhorabuena porque algo debes hacer bien cuando ya llevas en tu haber 2 buenos premios.

    ¡que vengan muchos mas!..un beso. Elena & Tir.

  7. Manuel Trigo: dijo

    Gracias, Elena.
    Pues sí, iba para inventor y aquí me tienes, inventando historias. Eso tambien es ser inventor, se inventan mundos, escenas, nombres de personajes, diálogos… Igual que las partes de una máquina han de ser diseñadas para su coordinación de movimientos, la trama de una historia también ha de ser inventada de modo que todos sus elementos se relacionen de forma coherente.
    Tú también eres inventora, pues cada vez que te pones ante el teclado de tu ordenador para ver qué escribes en ese blog tuyo y cómo lo escribes… Por cierto, vuelve a escribir aquí y pones la dirección de tu blog para que te conozcan el resto de tertulianos.

  8. MJ: dijo

    ¡Hola! La verdad es que todo lo que habías escrito antes que este cuento me había gustado mucho y con “El río y la montaña” te dije que no me había gustado tanto como los otros precisamente por ese “tono infantil”. Qué bien que me equivoqué y un jurado (experto en literatura, no como yo, obviamente) supo valorarlo, porque acabo de volver a leerlo y he decidido que quizás la primera vez lo leí… demasiado deprisa y lo juzgué precipidamente. Sí que es bueno. De hecho, ese “tono infantil” que no me terminó de llenar en la primera lectura es desquiciante y te descoloca y quizá sea uno de los motivos por los que fue “elegido”. Es rompedor, vuelves a quebrar los esquemas de lo “esperado” y vuelves a tambalear los cimientos de la “creación”, como en La esfera negra. Es muy simple y muy complicado. Mola. La verdad es que mola. Enhorabuena una vez más.
    ¡Sigue escribiendo!

  9. Manuel Trigo: dijo

    Muchiiiiisimas gracias
    Ante comentarios como el tuyo me obligas a jurar públicamente que no te pago dinero por ello, oye.
    Recuerdo a todos que MJ es hermana mía y mi más activa colaboradora, correctora, consejera, animadora y jueza. Y si os da envidia que yo tenga una hermana así y vosotros no, pues ajo y agua, que ya sabíais que el mundo es todo una injusticia y eso no es culpa mía.

  10. Silencio: dijo

    Hola, Manuel.

    Ante todo, felicitarte por este premio, muy merecido, ya que el cuento posee un inquietante misterio (al principio) y un permanente equilibrio, en las formas, en la narración amena y sencilla, que lo hacen abanderado de un premio de tales características.

    No es un cuento infantil -como bien afirmas-, sino un cuento para almas despiertas, para el niño que habita en nosotros. Despierta sentimientos de humanidad y amor por el planeta, a la par que nos presenta a un Dios “humanizado”, mortal, indeciso, reflexivo, paciente, observador… ¡pero lástima que luego tome la determinación de marcharse!

    El Jurado ha sabido ver el giro que incluyes en este cuento y, sobre todo, quizás les haya convencido la voz narrativa (ese hilo esencial en todo relato o cuento) , describiendo “las verdades de la creación” con un lenguaje sencillo.

  11. Manuel Trigo: dijo

    Hola, silencio.
    Muchas gracias por participar en ese foro prácticamente desierto donde mis amigos eran los únicos que escribían y ya se cansaron casi todos. De hecho, quizás seas uno de mis amigos o amigas con un correo electrónico que desconozco Recibe mi bienvenida de todos modos y me gustaría verte de nuevo por el foro.
    Me alegra que te gustase el cuento y te agradezco mucho tu extensa opinión. Igualmente valoro tu sinceridad al decir que no te gustó “A la memoria de un alumno” Lo escribí hace ya mucho y era más bien un experimento en el que quería plasmar la estructura de una novela en un hiperbreve. “Mi bella durmiente” ha de ser onírico a la fuerza, pues ese es precisamente su origen. Estaba disfrutando de un duermevela (uno de esos sueños en los que se está suficientemente despierto como para guiar el desarrollo) cuando tejí la idea.
    Un cordial saludo.

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