Manuel Trigo

 

El relato Un día de perros estuvo seleccionado por la Editorial Alkubia para formar parte de su página de relatos del mes.

También ha quedado finalista en el certamen de septiembre del 2009 de Edicions Fergutson, por lo que próximamente formará parte de una obra impresa. El libro llevará por título “Las vacaciones del detective”, y contará con 140 páginas. Podrá adquirirse en la propia web de la editorial en un par de semanas.

UN DÍA DE PERROS

 

Lo que voy a contar no tiene ninguna gracia, se lo puedo asegurar.

Siempre se ha oído que pisar una caca de perro trae buena suerte. El problema es que yo aquél día no pisé una caca. Lo que pisé fue una mierda en toda regla.

Yo no entiendo cómo la gente puede tener perros que cagan más gordo que yo. Aunque claro, tampoco entiendo por qué tuve que salir descalzo de la piscina hasta el coche, sobre todo, teniendo en cuenta que había salido a por una baraja y a mí me aburren los solitarios. Hubiese tirado el calzado que hubiese llevado, lo juro, pero no podía tirar mi propio pie, por más asco que me diese verlo con los cuatro churros marrones que salían de entre mis dedos. De modo que miré alrededor para asegurarme que no me había visto nadie; pero era sábado, once de la mañana, puerta de la piscina… Con tanto testigo no me atreví a entrar en las instalaciones deportivas a lavarme, poniéndolo todo perdido a mi paso. Milagrosamente, la tormenta del día anterior había dejado algunos charcos y yo me puse a lavarme en uno que había en la cuneta. Lamentable error. De pronto me vi salpicado por algo. Un coche había pasado junto a mí y no era precisamente agua del charco lo que me había lanzado. La rueda había pasado por encima de otra imponente mierda de perro. Todo lo que faltaba de la mancha que había quedado en el asfalto estaba decorando mi costado en un pestilente gotelé. Entonces vi las otras. Todas del mismo calibre, del mismo perro. Me entraron unas ganas irresistibles de denunciar a quien sacaba allí a su perro a que hiciese sus necesidades sin recogerlas. Decidí entrar de nuevo en la piscina pasando por encima de quien quisiese impedírmelo, ducharme, vestirme e irme directo a la comisaría. Sin embargo, hubo quien me lo impidió. Llevaba cinco años divorciado y, tan sólo una semana atrás, había tenido mi primera cita. No se me dio mal y habíamos quedado en repetirla aquella misma noche. Fue el primer rostro que reconocí en la fila para entrar en la piscina. Iba con unas amigas y, como todas se reían, ella también. Bloqueo mental. No dije ni hola y me di la vuelta. Cambié de planes, cosa que no ha de hacerse si se sufre bloqueo mental. Me ducharía en mi casa, que no estaba lejos. Aunque sólo recordé que estaba en bañador y sin llaves cuando estuve en la puerta de mi casa. Mi hija, claro está, había salido. Me tumbé en un jardín a quitarme lo que pudiese frotándome contra el césped, aunque esta vez me aseguré de encontrar una porción de hierba libre de excrementos. Volví a la piscina a por mis pertenencias y a ducharme cuando estuve convencido de que ella ya habría comprado su entrada y estaría dentro. Cuando regresé a mi casa me duché de nuevo, pues no se quitaba el olor. Me arreglé y fui a la comisaría a poner una denuncia contra el dueño del perro.

En la comisaría me reconoció un policía. Mal asunto. Unos días atrás me había puesto una denuncia por saltarme un semáforo y discutimos fieramente acerca del color del mismo. Yo estaba convencido de que aún estaba ámbar y él de que lo había visto perfectamente en rojo cuando pasaba. Como me indignó que él estuviese tan decidido a denunciarme me desahogué llamándole de todo.

-¡Hombre! ¡Qué bien me vienes! -Me dijo nada más verme.

Yo no quise darme por enterado de que aquél comentario iba dirigido a mí, pero él se me puso delante y continuó.

-El otro día me pillaste de buenas, pero hoy vas a tener peor suerte. El otro día te desahogaste tú conmigo y ahora lo voy a hacer yo contigo. Te voy a denunciar por faltar a la autoridad. Que no se escape éste -ordenó al de la puerta mientras me señalaba despectivamente- voy a por unos formularios.

Yo me acerqué al mostrador mientras me preguntaba cuanto dinero me iba a costar aquello e hice un comentario que pronto descubrí que era muy inapropiado.

-¿Qué culpa tendré yo de que anoche intentase follar y no le dejase su mujer?

Sin que me diese tiempo a reaccionar, una gran manaza tiró de mi corbata y otra de igual tamaño me cruzó la cara de un sonoro guantazo.

-Pues resulta que su mujer no le puso pegas, pero el pobre hombre tuvo un gatillazo y la que se quedó con las ganas fui yo -la señora, volumen doble, que había tras el mostrador, seguía sin soltar la corbata-. Y me vienes de maravilla para desahogarme en este día de perros.

¿Cómo podían decir ellos que tenían un día de perros? ¿Más que yo?

-Puedes denunciarme por lo que acabo de hacer. ¿Piensas hacerlo?

No me atreví a contestar, pero asentí con la cabeza. Acto seguido estampó su zarpa de nuevo en mi cara. La muy desalmada podía haberse cambiado la corbata de mano y haberme sacudido con la otra, pero volvió a darme en el mismo sitio. Dolió mucho más y, sin embargo, hizo menos ruido porque la cara ya estaba hinchándose. Aunque lo peor de todo es que seguía sin soltarme la corbata. Era verano ¿Se puede saber para que me puse la maldita corbata para ir a la comisaría?

-El caso es que me van a sancionar con trescientos euros y un día de arresto domiciliario, pero esa sanción es la misma para un bofetón que para unas cuantos -una sonrisa malévola no cabía en su ancha cara-. ¿Sigues pensando en sancionarme?

Yo podía haber dicho que no o haber negado con la cabeza, pero me pareció mas expresivo hacer un gesto de rendición levantando las manos, para mi desgracia, por supuesto. Al pobre hombre que había detrás de mí le rompí la patilla de sus gafas y le hice un ligero rasguño.

-Perdone -exclamé sorprendido- no le había visto.

-Tranquilo -se apresuro a responderme con una sonrisa-, no es nada. Las gafas ya estaban casi rotas y esta tarde pensaba ir a por unas nuevas.

-¿Cómo que tranquilo? -intervino sin invitación la tremenda funcionaria-. Yo soy testigo de tan brutal agresión.

Mi desgraciada víctima tenia corbata. Pobre ignorante, mira que presentarse en aquella comisaría con corbata… La señora parecía un luchador de sumo: gorda, pero increíblemente ágil. No vi salir su mano disparada, sin embargo, allí estaba ella tirando de su corbata.

-Le va a denunciar ¿verdad?

-No, si ya le he dicho que eran viejas y que…

Con una sádica sonrisa abrió su mano amenazante y permaneció así un instante para darle un breve margen de maniobra.

-Está bien -me miró de reojo, rogándome disculpas-, pondré una denuncia.

De modo que se sufrí una dilatada burocracia mientras recibía mi par de denuncias. Sólo cuando llegué a mi casa recordé que no había puesto la denuncia que pensaba poner. Obviamente, deseché la idea de volver. Abrí la puerta de mi casa y entré.

Mi hija había dado por seguro que yo estaría todo el día en la piscina, por lo que se había aprovechado de la casa vacía. Al llegar al salón les vi vistiéndose a toda prisa. El quinqui que se acababa de tirar a mi hija era ese que yo le había prohibido terminantemente a mi hija volver a ver. La imagen que vino a mi mente era idéntica: mi mujer con mi mejor amigo, años atrás. Entonces sentí como si mi hija también me estuviera poniendo los cuernos. Por suerte para todos, no reaccioné como en aquella ocasión. Sencillamente esperé impasible a que terminasen de vestirse. Cuando el yonqui cogió su cazadora vaquera se le cayó algo del bolsillo, rebotó contra el brazo del sofá y vino a parar a mis pies. Era una pistola negra. La situación se congeló por un instante, pero cuando él quiso reaccionar, abalanzándose a por su arma, lo hice yo también y llegue antes a por ella.

-¡Dámela! -me ordenó.

-No -respondí con una idea nueva en la cabeza, por fin algo iba a salir bien aquél nefasto día- Te cambio la pistola por mi hija.

Él, muy sabio, lo pensó un instante y tomó su decisión. Se abalanzó de nuevo hacia la pistola.

-No te estoy dando a elegir -dije sonriente mientras apartaba mi brazo de su alcance- me quedo con la pistola. Adiós.

Salí de casa y desaparecí de allí.

Aunque la pistola estaba oculta, la gente me miraba y se asustaba. Supongo que tenía cara de desquiciado. Allí sentado aguanté todo un día sin comer. Incluso aguanté la tormenta de verano que me cayó encima. Esa tormenta que te cae justo cuando piensas que lo mejor de todo es que ya nada puede empeorar. Fue al dejar de llover cuando apareció. No sabría decir si era un perro con aspecto de oso o un oso con aspecto de perro. Aguardé pacientemente al momento crucial, al momento en el que el oso hijo de perra se pusiese a cagar. Y cuando lo hizo, me levanté y le vacié el cargador apuntando a la cabeza. Todo el mundo echó a correr mientras yo me reía a carcajadas de desequilibrado mental. Todo el mundo menos el perro, que se quedó allí, acojonado. No muerto, no, sólo acojonado. Las balas eran de fogueo, por suerte para el animal y para mi sorpresa y desgracia. Tras la última detonación, la fiera reaccionó y se me abalanzó para entretenerse mordisqueándome el brazo, el cuello y mis partes nobles.

Creo que eso es todo, que no olvido nada, salvo comentar que mi nueva ex-amiga, con la que pretendía volver a cenar, no coge el teléfono cuando la llamo.

Ahora, señor juez, yo le suplico acepte mi sugerencia. Usted olvida mi tenencia ilícita de arma de fuego y mi “perricidio” en grado tentativa y yo olvido de buen grado que usted llevase su perro sin atar y sin bozal.

Manuel Trigo

Manuel Trigo

Comentarios

  1. Manuel Trigo: dijo

    Mi primer relato publicado en Internet.
    Fué escrito expresamente para participar en un concurso de relatos cortos de humor, pero como no tenía suficiente chispa, además de parecerme excesivamente escatológico, no puse mucho empeño en enviarlo, de modo que se me pasó el plazo.
    La editorial Alkubia me solicitó algo para la sección de relatos del mes de su web y fué lo único presentable que pude enviarles.
    Allí estuvo hasta que fué sustituído por Mi bella durmiente.
    Actualmente se encuentra en una página espejo alojada en mi espacio web, copia de la que tuvieron alojada en Alkubia, y con su permiso, por supuesto.
    Si no lo has leído, puedes hacerlo en http://www.manueltrigo.com/Alkubia-relatos-Pagina-original.htm
    Decidme qué os parece.
    Un saludo.
    Manuel Trigo.

  2. Manuel Trigo: dijo

    La historia a mí me parece poco creíble. Un policía no actúa así, ni la funcionaria de la comisaría haría eso nunca. Tampoco las reacciones del personaje principal son sensatas, pero a mí me guasta la pequeña historieta. ¿Y a vosotros?

  3. Osor: dijo

    Pues a mi me parece graciosisimo pobre hombre, ¿No habeis tenido algun dia “parecido”?
    A ver si tengo un poquitin de tiempo y leo el de mi bella durmiente.
    Por cierto ¿¿ de donde coño sacas el tiempo ??

  4. Osor: dijo

    No es creible pero no importa… es un relato de humor ¿ no ?

  5. Manuel Trigo: dijo

    Pues saca tiempo para leer Mi bella durmiente, que se lee en unos segundos. Es muy breve, pero a la vez, muy intenso. A mí me gusta más y seguro que a ti también. No es retorcido como Un día de perros. Es un delirio sureralista bastante raro. Ya me contarás, pero mejor en el foro correspondiente.
    El tiempo lo saco de acostarme muchas veces a la una, levantándome a las cinco y veinticinco, que me han adelantado otros dieciocho minutos el transporte al trabajo (pocas veces, por suerte para mi salud). Lo que más tiempo me ha llevado últimamente ha sido la ceación de las cuatro webs que ofrezco en Internet y este foro. Nadie nace sabiendo, preo yo me he tirado sin saber hasta hace unos días, que me he llegado a acostar a las seis de la madrugada un fin de semana, con diez tutoriales abiertos sobre cómo construir una página web. No son páginas muy técnicas, con java ni nada parecido, pero quedan resultonas. Con lo que he sufrido horrores es con la puesta a punto de este foro. Pero el precio ya está pagado y ahora todo son beneficios, como la alegría de veros por aquí o el escuchar a alguien que me dice que me ha quedado muy bonita la página web, que sé que son cumplidos, pero son muy de agradecer.
    Un saludo.
    Manuel Trigo.

  6. Manuel Trigo: dijo

    Humor por que no somos el protagonista, que al pobre hombre no creo que le dieran muchas ganas de reir.
    Yo nunca he tenido un día tan malo, ni conozco a nadie (desgracias mayores sí, claro, pero no tal cúmulo de pequeñas desgracias). Sin embargo sí pisé una una vez de tal tamaño que se me volcó dentro de la zapatilla de playa que llevaba puesta , menos mal que estaba a unos metros del mar y me pude lavar entre unas piedras sin que nadie me viera

  7. Eirene: dijo

    Yo he tirado zapatos enmerdados, pues ni mi nariz, ni mis tripas aceptan la contemplación y los hedores de tamaño despropósito.
    No me duelen prendas reconocer que me he acordado de las generaciones pasadas y futuros del dueño/a del perro/a.

    Si hubiese sido la protagonista del cuento, y llegado a ese punto desquiciante, creo que sería yo quien le hubiese caído a mordiscos al perro.

    Un cuento muy ocurrente y simpático,trigo,jajajajajaja
    Me ha gustado…
    Gracias*****************

  8. juan rafael: dijo

    Eso es empezar el día con mal pie, desde luego.
    No creo recordar que fuese el derecho o el izquierdo, pero desde luego, dicen que las cosas malas ocurren cuando uno se levanta o, en este caso, chafa con el pie izquierdo.
    A la próxima, mejor las denuncias por internet ;)

  9. chispita: dijo

    muy bueno, si señor, me ha hecho mucha gracia….

  10. Magerit: dijo

    Hola Trigo,
    Genial el relato, me has sacado varias carcajadas, me quedo con la imagen del prota revolcándose en la hierba para limpiarse la espalda, el desaguisado en la comisaría, el momento de espera con la pistola y el chaparrón cayéndole a manta y ese párrafo con sorpresa final. Muy divertido, me lo he pasado genial leyéndolo. Un saludo, M.

  11. Redl: dijo

    Entré por casualidad, como suelo hacer en muchas webs y salgo pitando de ellas. Y lo leí. Sólo puedo decir que este relato es “tan digno de la literatura o el microrrelato que hoy impera como la literatura de hoy es tan digna de estos relatos o basuras novelísticas que recorren los aparadores de las librerías” Y que, por supuesto, acabarán como merecen: en las ferias de libros a 1 euro 3 ejemplares, y, aun así, nadie se decidirá a comprarlos. Y lo más repugnante, aparte de que el relato ya lo es de por sí, es que todavía el autor del mismo haga alarde de ello, presuma de que una Editorial ( la que sea) se lo incluya en un volumen de relatos (que si todos son del mismo estilo, no quiero ni pensar en lo que ofrecerá dicha recopilación), y además se sienta orgulloso de haberlo “creado” por decirlo de alguna manera. La Literatura, ya sea obra extensa o relato corto, es un arte nacido de la inteligencia humana, yo creo que “privilegiada”, y toda persona que decide leer un libro, aparte del placer que proporcione su contenido, lo hace para “aprender”. ¿Se puede aprender algo de este relato absurdo y ridículo que hoy nos regala este señor? Lo único que se puede aprender es que los excrementos siempre serán excrementos, y si además se trata de enriquecer una narración basándose en ellos, la narración, además, apestará. Todas las memeces que siguen a la “situación excrementicia” son prototípicas de esta pseudoliteratura en la que hoy, por desgracia, se refocila, el lector que recurre a ella cuando decide, por fin, hojear algo, desprendiéndose de su insoportable cotilleo a base de móvil. Lo vemos y oímos todos los días en trenes, autobuses y metros. El relato carece totalmente de calidad literaria, yo creo que su autor no tiene ni pi. de lo que significa la palabra Literatura, y lo más descorazonador es que estas editoriales modernas que cifran sus éxitos en publicar tanta basura, lo único que venden, vayan a la caza y captura de estos “relatistas” escatológicos (como el autor de la narración se ha llamado, de una forma o de otra, a sí mismo, a fin de llenar sus exiguas arcas tan necesitadas de berzotas que se gasten algún euro en sus basuras. Afortunadamente, estas recopilaciones como tanto “best seller” repugnante, es ahí donde acabarán, junto al contenedor de desperdicios. Creo que sería mucho mejor, antes que escribir toda esta relación excrementicia tipo relato como este, dedicarse a la horticultura, por ejemplo, del brócoli, que, aunque también huele mientras se cocina, es un gran alimento y hasta anticancerígeno. Amigos lectores, esto va dirigido a todos aquellos que posean todavía buen gusto, cuidado con estos relatos con los que estos pretenciosos pseudoescritorcillos creen que os enriquecen las neuronas. A la larga pueden producir un tumor en el cerebro. Enhoramala (ya que no puedo hacer constar “buena”) al autor y a la Editorial por su edición, puesto que parece que todavía les falta mucho por aprender y que no conocen el significado de la palabra “Literatura”. Me niego a usar palabras escatológicas hoy tan de moda, pero el relato es para…. ya saben. No se molesten en contestarme, me he desahogado a gusto y no volveré a asomarme por aquí.

  12. Manuel Trigo: dijo

    Estimada Redl.

    Muchas gracias por haber dedicado tu tiempo a escribir tan extensa opinión. Igualmente agradecido por tu innegable sinceridad. Los que me conocen saben que valoro muchísimo más una crítica dura y sincera que un elogio vacío.

    Y lo que más me duele es reconocer que estoy de acuerdo contigo, pero permíteme que te explique. Este es de entre mis relatos el que menos me gusta (junto con otro que considero ñoño y que también se escribió con determinada finalidad). Sin embargo, por supuesto que me enorgullezco de él como todo buen padre ha de estar orgulloso de su hijo, por feo que sea. Confío en que en eso me des la razón tras pensarlo medio segundo.

    Efectivamente el relato es asqueroso en cuanto a la temática escatológica y el uso de la palabra “mierda” indiscriminadamente, demasiado dura para ciertos gustos, a la orden del día para otros, y en contacto diario con ella a diario (la gente sana), se la mencione o no. El motivo de este relato fue participar en un concurso de humor en el que no llegué a participar. No es mi estilo. Únicamente este relato es así y no he vuelto a caer en este terreno, pero le tengo cariño por ser mi primer relato (de mi edad adulta) por más que reconozca que el relato es inmaduro y de humor infantil.

    Repito: es el primero, de mi etapa más inexperta.

    No deberías juzgarme por un único relato y llamarme “pseudoescritorcillo” y decir que no tengo ni PI de lo que significa la palabra “Literatura”. Sería como si, tras conocerte, dijese que todos tus conciudadanos tienen tu mismo carácter (un poco subido de tono, según mi igualmente sincera opinión). Y eso suponiendo que las primeras palabras coproléxicas no te echasen para atrás y dejases de leer el resto del relato, pues es a lo único que haces referencia y no a su argumento.

    Te ruego que leas otro relato mío al que le tengo también un especial cariño por ser el primer relato con el que gané un concurso (con mejor jurado, espero, pues se trata de un concurso de la Cadena SER Madrid Sur) y compitió con más de 100 relatos. Se trata de “Azul marino (en blanco y negro” donde hasta el título es metáfora:

    http://www.manueltrigo.com/relato/azul-marino-en-blanco-y-negro/

    Cuando lo leas (Hazme ese único favor) es posible que cambies de opinión respecto a si tengo al menos un atisbo de esa inteligencia que me niegas sin conocerme y de si conozco el significado de la palabra literatura.

    Como sé que no pasarás de nuevo por aquí, te envío copia a tu correo privado.

    Un cordial saludo.

    Manuel Trigo.

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